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Gonzalo Pavón analiza las consecuencias del más probable resultado del balotaje francés: El verdadero triunfo de Macron

En su columna de este fin de semana, Gonzalo Pavón analiza por qué la eventual llegada al Elíseo del candidato de “En Marche” tras la elección de este domingo no necesariamente representará una victoria en el largo plazo, sino que ésta dependerá del éxito o el fracaso de su gobierno, que se anticipa sumamente complejo.

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Por: - 6 mayo, 2017 - Comentarios

Fue uno de los puntos centrales de la conferencia que el rockstar de la ciencia política, el estadounidense Ian Bremmer, dio esta semana en Santiago: los ciudadanos ya no creen en la legitimidad de su contrato social. La más probable razón por la que esta idea no dejó a ningún asistente estupefacto, es porque durante los últimos años hemos sido testigos del agrietamiento y la caída de instituciones que creíamos sólidas y permanentes.

De Santiago a París, por ejemplo, los partidos políticos.

En Francia, como recordó Bremmer, las organizaciones tradicionales fracasaron en la primera vuelta del pasado 23 de abril. Es decir, quienes se enfrentan este domingo, Marine Le Pen y Emmanuel Macron, están al margen del firmamento francés.

El Frente Nacional, fundado por el padre de la candidata en 1972, no obstante es un partido “formal”, ha sido más bien un instrumento político en función de un personalismo familiar. No es un dato trivial que desde su nacimiento hasta 2011 haya operado bajo la presidencia de una sola persona: Jean-Marie Le Pen.

“En Marche”, en cambio, es el movimiento fundado en abril de 2016 por el ex ministro de Economía. Como lo adelantaba la sigla de esta agrupación —EM—, su objetivo primigenio era convertirse en la organización que posibilitase la candidatura presidencial del ex empleado del banco Rothschild.

A pesar de este rasgo estructural común, las diferencias ideológicas entre ambas candidaturas son radicales. El nacionalismo, anti-europeismo y xenofobia de Le Pen quedaron retratados en un par de frases en el controvertido debate del pasado jueves. Las industrias francesas “están en manos de extremistas islámicos”, dijo la representante del Frente Nacional. “Soy la candidata de esa Francia que amamos, que protegerá nuestras fronteras, que nos protegerá de la globalización salvaje”.

Si de globalización se trata, Macron es un firme defensor de ella. A pesar de su pasado socialista, el líder de EM no se define ni de izquierda ni de derecha —“lo mejor de la izquierda, lo mejor de la derecha e incluso lo mejor del centro”, ha llegado a decir—. En su ecléctico programa, además, destaca un compromiso clave dado el peso de Francia en el continente: Macron es un auténtico eurófilo.

Así las cosas, este domingo los franceses tendrán que optar entre estas dos personalidades con ideas y antecedentes opuestos. De no ocurrir un hecho inesperado, de esos a los que nos hemos acostumbrado desde el triunfo del Brexit, las encuestas indican que Macron debiese vencer. Tanto la derecha como la izquierda tradicional, aquellas que han sido las protagonistas del descrédito de los últimos años, se volcarán fundamentalmente a evitar la victoria de Le Pen (que no es lo mismo que propiciar el triunfo de Macron).

Y esta eventual llegada del economista y filósofo a la presidencia es el primer paso de un desafío monumental. El político de 39 años tendrá un durísimo gobierno por delante. Sin un partido fuerte que lo respalde tendrá que enfrentar una férrea oposición por ambas bandas (sin considerar además los resultados de las elecciones legislativas de junio próximo, en donde requerirá de un significativo número de diputados para poder gobernar). Para colmo, además de estos obstáculos y de lo que significa liderar un país por estos días, la gran medida de su éxito —o de su fracaso—apunta directamente a las próximas elecciones presidenciales, programadas para 2022.

En la primera vuelta, Marine Le Pen obtuvo el 21.3% de los votos, que representa un crecimiento moderado respecto del 17.9% que la dejó fuera del balotaje en 2012. Y este 3.4% es en alguna medida un triunfo significativo para el FN: catapultó a su candidata al balotaje, y permitió que aumentase la resonancia de sus propuestas, en tiempos en los que Europa ha sido víctima de ideas que han puesto en entredicho los valores sobre los que erigió su identidad y forjó su desarrollo durante las últimas seis décadas.

Si se mantiene este curso, es probable que en los próximos años este territorio se vaya haciendo más fértil para ideas que parecían proscritas. Por lo tanto, es muy probable que el fracaso de Macron no sea otra cosa que el advenimiento de Le Pen en 2022. Pero también, el verdadero triunfo del niño prodigio de la política francesa será medido en función de su sucesor en el Elíseo, y en la capacidad que tenga para sostener o revitalizar las instituciones francesas, y por qué no decirlo, a Europa, en su mayor crisis desde la Segunda Guerra. Ese será el significado definitivo de la propuesta que él mismo decidió destacar en su programa, una “France nouvelle”.

Fotos: La Tercera / Programa de Emmanuel Macron

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