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A los 69 años muere el dictador norcoreano Kim Jong-il

La televisión norcoreana atribuyó su fallecimiento a la fatiga durante un viaje en tren. Incluso en su último momento, en la despedida, el dirigente norcoreano se rodeó de la propaganda que le había llevado a concederse el título de ‘Querido Líder

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Por: - 19 Diciembre, 2011 - Comentarios

La televisión norcoreana atribuyó su fallecimiento a la fatiga durante un viaje en tren. Incluso en su último momento, en la despedida, el dirigente norcoreano se rodeó de la propaganda que le había llevado a concederse el título de ‘Querido Líder’ y ‘salvador de la patria’. El mensaje: Kim murió trabajando por sus compatriotas hasta el último suspiro.

El líder dela República DemocráticaPopular de Corea tenía 69 años y había padecido problemas de salud desde que en 2008 sufrió una apoplejía.

La muerte del líder norcoreano llena de incertidumbre el futuro de la potencia nuclear y último Estado estalinista puro del mundo. Las riendas del país quedan en manos de un joven del que se desconoce casi todo y cuya edad no superaría los 30 años. Kim Jong-un hereda un Ejército de 1,2 millones de soldados y armas de destrucción masiva, pero también una economía arruinada que desde los años 90 tiene dificultades para alimentar a su población.

El funeral por Kim Jong-il se celebrará en la capital, Pyongyang, el próximo 28 de diciembre. El líder norcoreano había recibido el mando del país tras la muerte de su padre, Kim Il-sung, en 1994. Nunca llegó a tomar oficialmente el cargo, nombrando a su progenitor ‘presidente eterno’. Fue una señal temprana de que seguiría fielmente sus pasos.

Kim Jong-il prosiguió la política de aislamiento con el exterior y reprimió con dureza cualquier disidencia interna. El ‘Querido Líder’ organizó el secuestro de cientos de ciudadanos extranjeros por medio mundo, planeó atentados terroristas y reforzó un sistema de vigilancia ‘orwelliano’ que ha convertido a los 22 millones de norcoreanos en prisioneros de su propio país. Nadie puede abandonar la nación. Mostrar insuficiente devoción hacia el líder se paga con la cárcel.

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