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Estudio confirmó que uso de perros en cuidados intensivos alivia el daño físico y emocional de los pacientes

El profesor de Medicina y de Rehabilitación y Medicina Física de Hopkins University, Dale Needham, subrayó que un animal de terapia puede ayudar a las personas a ponerse activas y a comprometerse con el objetivo de lograr su propia recuperación más rápidamente.

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Por: - 14 febrero, 2018 - Comentarios

Según un artículo publicado en la revista Critical Care, médicos especialistas de la Universidad de Johns Hopkins confirmaron que la introducción de perros adiestrados con fines terapéuticos en las unidades de cuidados intensivos (UCI) de los hospitales puede aliviar el daño físico y emocional de los pacientes de una manera sustancial y segura. 

A raíz de los resultados de un programa piloto desarrollado en 2017 en la UCI del hospital de la universidad en Baltimore (Maryland), los especialistas pudieron constatar los beneficios del uso de perros incluso en pacientes de alta gravedad. 

La terapia con animales es “una herramienta en un conjunto dirigido a tratar el alma y no solo el cuerpo del paciente”, señaló el artículo firmado también por Janice Jaskulski y Stephen Wegener, de la misma Universidad , y Linda Chlan, de la Clínica Mayo.

El profesor de Medicina y de Rehabilitación y Medicina Física de Hopkins University, Dale Needham, subrayó que un animal de terapia puede ayudar a las personas a ponerse activas y a comprometerse con el objetivo de lograr su propia recuperación más rápidamente.

Needham considera que es mejor darle “menos medicamentos y confiar más en las intervenciones no farmacológicas, como la musicoterapia, la terapia de relajación y la terapia asistida por animales”.

La investigación

Según consignó La Tercera, luego de conocer los resultados positivos logrados con la terapia canina en la unidad de rehabilitación del hospital, se decidió adaptar el protocolo para probarla en la UCI. Los diez pacientes de la UCI que recibieron visitas de estos perros en 2017 tenían edades entre los 20 y los 80 años con diagnósticos variados.

Cada uno de estos pacientes recibió al menos una visita de 20 a 30 minutos durante su estancia en la unidad y en algunos casos esa visita incluyó la presencia de un terapeuta físico u ocupacional.

El protocolo elaborado por Needham, Megan Hosey y otros especialistas establece que para poder recibir las visitas de los perros, los pacientes deben estar conscientes y lo suficientemente alertas para relacionarse con el animal, no tener riesgo de infecciones y obviamente estar interesados en esa visita.

Dada la respuesta positiva de los pacientes, el equipo planea medir en futuras experiencias si la terapia canina produce cambios en el dolor, la capacidad respiratoria y el estado de ánimo.

“Una vez que tiene un perro en la habitación mirándole a la espera de que le de una palmadita o una golosina, al paciente se le hace duro no involucrarse”, dice Hosey.

Hosey opinó que a la luz de los resultados en la Johns Hopkins, otras unidades de cuidados intensivos y otros departamentos hospitalarios deberían considerar las intervenciones no farmacológicas y asociarse con organizaciones como Pet Partners o Assistance Dogs International, instituciones que certifican a los animales.

También deberían centrarse en pacientes con probabilidades de éxito y mejoría, no en los que padecen delirio o enfermedades contagiosas.

 

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