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Por Héctor Soto 06.07.2009

Felipe Berríos va por más

¿Qué pasa en la cabeza de un cura influyente, socialmente exitoso, admirado por los jóvenes de manera muy transversal, líder indiscutido de una de las campañas sociales de mayor reconocimiento y convocatoria en el país, que a los 52 años decide que ya está bueno, que la misión está más o menos cumplida, que Un Techo para Chile está a punto de terminar con los campamentos del país, y que ahora partirá al Africa, donde estuvo hará cosa de unos 25 años, donde pocos lo conocen, donde no espera ocupar ningún puesto prominente y donde le gustaría tener más tiempo para crecer en su espiritualidad?

Por cierto que en el plano estrictamente humano es difícil justificar una decisión así. En principio, el cura Felipe Berríos no está queriendo cambiar de escenario por un tiempo y hacer un punto de inflexión en el apostolado que ha venido desarrollando. No, no es eso. Lo que quiere es irse al Africa Oriental sin pasaje de vuelta, con el propósito de misionar en un paisaje geográfico, histórico y humano que no tiene nada que ver con Chile, en parte porque necesita plantearse nuevos desafíos y, en parte porque a lo mejor debe sentir que llegó a un punto donde es bueno remover esa capa de óxido o de comodidad que, como a todos nos ocurre, quizás él también ha ido acumulando en sus actividades, vaya a saber uno si en su relación con la fe, si con su congregación, si con el país o si con la gente que lo rodea, lo quiere y lo respeta.

Por cierto que detrás debe existir un fuego enorme. La Compañía de Jesús nació como una congregación misional y de llamaradas. San Ignacio la concibió como una fuerza de choque del papado en los días trémulos de la Contrarreforma y le imprimió lo que con el tiempo se convirtió en una vocación de frontera. Los jesuitas están donde hay fricción y la partida de Berríos se inserta en ese contexto.

Puede sonar cínico decirlo así, pero es tan fácil perder de vista que hay muchos curas que de veras creen en Dios, que su decisión de ir a cumplir el mandato evangélico al último rincón del planeta llega a ser incomprensible. Pero a su respecto, no hay caso. No queda otra sino entenderla desde ahí, desde la incondicionalidad de su entrega a ese mensaje que no ha dejado ni un minuto de proclamar desde que se ordenó el año 1989.

Berríos, hijo un poco díscolo de una congregación también algo díscola, ha hecho cosas bien notables. La primera es que ha hablado un lenguaje distinto al usado tradicionalmente por la Iglesia. Distinto en el tono y distinto también en el fondo. No hace mucho, en una de sus prédicas, volvió a recriminarse de la torpeza de los curas y de tantas tradiciones eclesiásticas que, lejos de poner el acento en lo principal, en el infinito amor de Cristo por los hombres, lo ponían en la imagen del Dios castigador, del Dios de las prohibiciones, del Dios que es bueno para dejar afuera y malo para dejar pasar. Quizás ahí siempre ha estado radicado el eje de su sentido apostólico. En relación a eso, que es permanente, todo lo demás -incluyendo los cortacircuitos que provocó en la Iglesia chilena cuando estiraba la cuerda sobre la píldora, sobre la negación de la eucaristía a los divorciados, sobre el salario mínimo o sobre la “cota mil”- es anecdótico y el tiempo se lo tragará.
Son muchos los que al escucharlo pudieron llegar a confundirlo en el pasado con uno de esos curas “buena onda”. Otro más, qué espanto. Pero, hay que haberle seguido la pista para reparar que lo suyo no es cuestión de onda, sino de convicciones profundas, de experiencias de fe muy jugadas y de prácticas de vida muy coherentes con su discurso. Basta ver la energía que le ha estado inyectando a la campaña de Un Techo para Chile. Se equivocaría quien viera en esa iniciativa sólo un esfuerzo por solucionar la parte más dramática del déficit habitacional chileno. El Techo fue concebido por Berríos también como una instancia para movilizar jóvenes en la era de la desilusión y para salvar a los hijos de los ricos en la tarea de proveer casas a los más pobres.

Brazo izquierdo de Fernando Montes -izquierdo no en el sentido político, sino izquierdo porque Berríos está lejos de ser un intelectual y Montes sí lo es, y de hecho está considerado entre las mentes más sólidas de su congregación-, este cura poblacional y mediático tiene mucho de superdotado en términos de capacidad de acoger y de empatía. Pareciera que ambas cosas se le dan naturalmente, lo cual desde luego es engañoso; ni siquiera Rousseau se compraría semejante simplificación.
Pero hay otro aspecto: con esos zapatos gruesos y sucios, con esa cara que dejó de ser la de un cura cándido o puramente contento, Berríos más que un amigo, más que una figura pública, ha pasado a encarnar algo así como la autoridad del testimonio. Está claro que es un tipo singular. Nadie, que yo sepa, se escribe al hilo, en un solo día, las 18 columnas de prensa que le tocaba escribir. “Así me es fácil y no tengo que andarme preocupando después”, me dijo. Nadie se desdobla para sacarles tanto jugo a las 24 horas del día y para estar en tantas partes, sea en los campamentos, en Infocap, en los matrimonios o entierros de la gente chic. Nadie sigue siendo el mismo después de alternar con tantos desposeídos y con tantos poderosos, con tantas familias anónimas y con tantos famosos, con tanto joven que va de ida y con tanto arrogante que cree venir de vuelta. El, en cambio, sí. Y no sólo permanece inmune a las vanidades del reconocimiento y la exaltación, sino que ahora dice basta, dice que estuvo bien, que abandona una misión que había llegado a dominar con soltura, y elige otra, distinta, misteriosa, incierta, respecto de la cual no tiene la menor idea en qué pueda terminar.
Es respetable, desde luego. No sólo eso: también es admirable. La fe saldrá ganando. Pero que nadie se engañe: nosotros, sus amigos, el país -en términos estrictamente egoístas- vamos a salir perdiendo.

*Columna publicada en latercera.com

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Etiquetas: , 14 comentarios

14 Comentarios

  1. Guillermo 06.07.2009 Reply
  1. Raùl Carmona 07.07.2009 Reply
  1. Eduardo 07.07.2009 Reply
  1. julio 07.07.2009 Reply
  1. ciro 08.07.2009 Reply
  1. Jaime 14.07.2009 Reply
  1. Cesar L 14.07.2009 Reply
  1. iván 17.07.2009 Reply
  1. jorge 19.07.2009 Reply
  1. simon 20.07.2009 Reply
  1. ENRIQUE 22.07.2009 Reply
  1. Juan Pablo 22.07.2009 Reply
  1. Mauricio 22.07.2009 Reply
  1. Antonio 28.07.2009 Reply

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