Consideraciones a una semana de la elección, después de leer a los generalísimos entrevistados en la última edición de Qué Pasa y seguir la campaña durante más de un año:
-Huele a cambio de mano. Más allá de coaliciones o generaciones. Los 90 -tardíamente- llegan a su fin.
-Fórmulas que se avizoran: una izquierda que se libera de ese barnizado derechista que le impuso la realpolitik; una derecha que se barniza con algo de izquierdismo para afrontar los nuevos tiempos; sectores conservadores que no terciarán; liberales enfervorizados en vista y considerando las puertas que abrieron todas las candidaturas en esta campaña.
-Liderazgos emergentes: MEO -y también José Antonio Kast- ha dejado más que claro que la voluntad es ingrediente básico a la hora del relevo. Eso de pedir permiso dejó a muchos en el camino. Digámoslo así: los que vienen de abajo serán menos delicados que sus antecesores.
-Nueva agenda: No será posible obviar que la educación necesita un megarremezón. Ojalá que así sea. Los llamados “temas valóricos” -por convicción y por cálculo- sonarán mucho más que en el pasado.
-Si la Concertación es derrotada, cataclismo. Si la Coalición es la perdedora, cataclismo. Ergo, terremoto habrá.
-El Parlamento no será esencialmente binominal.
La pretensión de atribuirles el carácter de fin de época a las elecciones presidenciales es una tentación manida. Pero irresistible e inevitable en esta ocasión. El futuro mandatario -sea quien fuere- vivirá un nuevo país.
Cierta frase me recuerda el slogan de una campaña pasada: “para los nuevos tiempos”.
Aparte de dicha anecdota, ¿será tan poco binominal el parlamento?
La aparición de candidatos de un tercer o cuarto pacto solamente favorecen a evitar los doblajes y, con eso, a fortalecer la idea del binominal. El ejemplo paradigmático de esto es el Distrito 23, en el cual la irrupción de García podría quebrar el único doblaje de la ex Alianza/actual Coalición.
Saludos.
Alberto.