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La importancia de hablar de sexo con los hijos (y cómo hacerlo)

Family talking on the bed

Padres e hijos reconocieron que es más fácil tratar este asunto cuando los adultos lo ven con naturalidad y hablan sobre él como sobre cualquier otro tema.

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28 Septiembre, 2020

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Es un tema de conversación que a menudo se evita, ya sea por vergüenza o por no saber cuándo es el momento, pero padres e hijos deben ser capaces de hablar de sexo.

Hoy en día el sexo aparece en la televisión, el cine y revistas, entre muchos otros y debido a las nuevas tecnologías, la exposición y repercusión que tiene es necesario una correcta educación sexual, especialmente desde la familia.

Un estudio llevado a cabo por la Universidad Estatal de Carolina del Norte y publicado en JAMA Pediatrics sostiene que tener este tipo de conversaciones —especialmente con las madres—, tiene un efecto positivo en un comportamiento sexual más seguro en adolescentes, aunque también hay evidencias de que los jóvenes prefieren tener estas conversaciones con el progenitor de su mismo sexo.

¿Cómo hacerlo?

Empezar pronto

Según una investigación publicada en Springer, algunos padres no habían tratado el tema con sus hijos adolescentes porque estos aún no tenían relaciones sexuales, pero los expertos argumentan que esto debería empezar desde mucho antes y lo explicaron con una analogía.

“Cuando los niños son pequeños, los padres les llevan de la mano para cruzar la carretera, les enseñan a tener cuidado y, poco a poco, los niños alcanzan la suficiente autonomía como para cruzar la calle solos. Sería estúpido no decirles ni una palabra sobre la carretera hasta el momento en que supuestamente tengan la edad para poder cruzar por su cuenta. Para hablar de sexo se debería aplicar el mismo enfoque: cuanto antes se empiece, más fácil será”.

Padres e hijos reconocieron que es más fácil tratar este asunto cuando los adultos lo ven con naturalidad y hablan sobre él como sobre cualquier otro tema.

Además destacaron el hablarle de sexo a los hijos desde la primera infancia, con un lenguaje apropiado a su edad y establecieron la regla de que “si un niño es lo bastante mayor como para hacer una pregunta también lo es para recibir una respuesta sincera”.

En el caso de que los padres hayan esperado a la pubertad, siguen estando a tiempo, recalcando la importancia que las madres y los padres hablen con sus hijos e hijas.

Aprender juntos

Muchos de los padres no recibieron este tipo de educación cuando crecían, por lo que no saben qué deberían enseñar y mucho menos en qué momento abordarlo.

Los investigadores apuntan a aprender juntos en caso de que no estén informados o aparezcan temáticas difíciles, considerando que muchos de los jóvenes consultan en Google o tienen clases de educación sexual en el colegio.

Evitar el “tenemos que hablar”

Esto puede generar mucha incomodidad tanto en los adolescentes como en sus padres y podrían tender a “huir” de ese momento y recurrir espacios de información como profesores, hermanos, amigos, Internet o pornografía.

Para evitar esto, los expertos recomiendan que se sustituyan por conversaciones breves y frecuentes, las que pueden empezar cuando se ve algo relacionado en la televisión o cuando alguien cercano anuncie que está esperando un bebé.

Lo anterior servirá para evitar la incomodidad y normalizará el hecho de hablar de sexo. Otra forma en que los padres suelen hacerlo es viajando en auto, porque no está la exigencia de mirarse a los ojos.

Escuchar en lugar de “dar la charla”

Los adolescentes que participaron del estudio manifestaron que no pudieron hablar de sexo con sus padres porque pensaban que les iban a «soltar la charla»: “¿Pero todavía no estás con eso?” o “No me digas que estás embarazada…”, comentaron.

Expertos sostienen que cuando los niños y niñas preguntan sobre sexo, es mejor escuchar que decirles lo que tienen que hacer, averiguar por qué su hijo está preguntando e intentar responder evitando darles una lección.

Gracias a lo anterior, ellos obtendrán tranquilidad y sabrán que en el futuro pueden obtener respuestas sin ser juzgados.

Con información de The Conversation, The Huffington Post y Psicología y Mente.

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