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Especial Ilustradores: Félix Vega

En Duna digital conversamos con tres artistas que hace pocas semanas lanzaron sus últimas creaciones. Cómo fue su proceso creativo, qué buscan trasmitir con sus obras y cómo es ser dibujante en Chile es parte de lo que exploramos en este ciclo de entrevistas. Hoy, Félix Vega y su libro “Juan Buscamares” por el cual puedes participar.

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Por: - 6 octubre, 2017 - Comentarios

En Duna digital exploramos lo último que llegó a las librerías en obras de ilustración y escogimos las creaciones de tres artistas, con historias y estilos muy diferentes, que no puedes dejar de leer. No olvides participar por tu libro favorito que será sorteado la próxima semana.

Sus procesos creativos, lo que buscan comunicar, cómo es ser dibujante en Chile y cómo ha crecido el mercado de la ilustración es parte de lo que conversamos con Félix Vega, Francisca Villalón y Guillermo Galindo (Mala Imagen). Tres días, tres ilustradores. Hoy:

Félix Vega

Por primera vez llegó a nuestro país la edición de lujo y con los cuatro tomos de “Juan Buscamares“, cuyo primer capítulo se publicó en blanco y negro en Chile en 1996.

La idea de su obra comenzó a germinar en la cabeza de Félix Vega a los seis años en su primera visita al Museo de Historia Natural. “Cuando uno es niño ve todo más grande, el mundo es infinito”, dice recordando el esqueleto gigante de la ballena y el niño del Cerro el Plomo del segundo piso, que en ese entonces era el cuerpo original del menor sacrificado por los Incas.

Luego, jugando con sus hermanos en la playa surgió el nombre: “Juan Buscamares”, la historia de un viajero sin rumbo que busca agua en un mundo sumergido en la más agrietada sequía, con barcos y submarinos varados entre dunas de arena caliente.

Fue esta historia la que usó para conquistar a su actual pareja, Mónica, cuando cursaba cuarto medio en el liceo.

Con “Juan Buscamares” Félix Vega nos presenta un mundo postapocalíptico situado en un futuro seco y sin vida, donde los seres humanos se ven obligados a matarse entre ellos por un poco de agua.

Al mismo tiempo involucra en la historia la llegada de los españoles a Latinoamérica, el sacrificio de los niños inca, fuertes referencias bíblicas y el personaje de El Principito, todo conectado de alguna forma.

Tanto tu padre (Óscar Vega), como tu madre (Ana María Encina) fueron artistas, ¿de qué manera influenciaron en tu carrera?

Cuando comencé a gatear empecé a rayar las paredes, mis padres en lugar de llamarme la atención me pasaban más lápices. Los dos eran pintores. Mi papá hizo mucha historieta y animación y fue parte de los creadores de la revista Mampato. También estuvo en la creación del primer departamento de dibujos animados que hizo Chile en Televisión Nacional. Después derivó en la publicidad, en la ilustración infantil y finalmente terminó dedicándose a la acuarela, su gran pasión.

Yo tuve la suerte de verlo trabajar a él junto a sus colegas. Me asomaba cuando niño -mi nariz llegaba a la altura del tablero- y veía cómo dibujaba.

Tu padre participa en la creación de “Juan Buscamares”, ¿qué importancia tuvo en el libro?

Dedico el libro a él y a mi mamá. Mi papá coloreó gran parte del primer tomo, una parte importante del segundo y algunas páginas del tercero. Cada uno de los capítulos tiene una coloración diferente.

Por ejemplo, en “El Agua”, el elemento ausente en la historia, está hecho con una acuarela aplicada en un papel rugoso para que se vea todo más seco.

Para mí es muy importante el color, lo aprendí de mi papá. Yo escribo, dibujo, y luego pinto y cuando pinto termino de contar la historia porque el color también es un elemento narrativo.

¿Cuáles fueron tus primeros trabajos?

Empecé a trabajar en Europa el 94 para la revista Playboy de España. Dibujaba los guiones de Enrique Sánchez Sabulí, uno de los guinistas más célebres de ese país. En paralelo desarrollaba “Juan Buscamares” que lo empecé a dibujar en 1993. El 96 lo publiqué el primer tomo en Chile.

¿Fue “Juan Buscamares” tu primer gran salto?

Tuve un primer gran logro antes. En 1992 logré publicar una portada en la revista argentina Fierro que era un medio donde estaban los trabajos de Jean Giraud (seudónimo: Moebius), Hugo Pratt, Horacio Altuna… era oro. Junto con la influencia de mi papá, esa revista fue la que me ayudó a decidirme a dedicarme a esto.

¿Cómo ves el desarrollo del comic local en comparación con el extranjero?

El momento de ahora en Chile es muy auspicioso. Este género tuvo una larga travesía por el desierto en la cual hubo una época dorada de una tradición de la historieta de la que afortunadamente mi papá fue parte, luego se acabó y ha costado décadas volver. Ahora estamos en un proceso para que el comic no llegue solamente al nicho de los fieles, sino ir al público que no ha leído nunca uno, pero tenemos el problema que mucha gente no sabe cómo leerlo.

Afortunadamente se están produciendo obras buenas de alta calidad entre mis colegas chilenos.

La creación de “Juan Buscamares” comenzó cuando tenías seis años, ¿sientes que cerraste un ciclo con esta edición de lujo?

Para mí esta es una edición definitiva. Este ciclo se cierra, pero me gustaría volver a ese universo porque me es muy grato y muy fácil sumergirme. Es como si las historias estuvieran allí: Yo me zambullo y voy a descubrirlas.

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