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La polémica decisión de Reino Unido de no tomar medidas contra el Covid19

El primer ministro británico eligió proteger la economía del país antes que a la población vulnerable bajo una teoría que, en general, los científicos y médicos desaprueban.

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16 Marzo, 2020

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A pesar de estar en la lista de los 10 países con mayor número de contagiados por el nuevo coronavirus con 1.551 personas, el gobierno de Gran Bretaña persiste en la decisión de no tomar medidas drásticas contra la pandemia y de centrar su estrategia en suavizar la curva del virus para que la cúspide de contagios se produzca en un par de meses, cuando la sanidad pública esté más preparada para afrontar el choque.

De acuerdo a los especialistas, este plan responde a la resignación del gobierno de que no podrá hacer nada para frenar el Covid19, que un número considerable de muertes es inevitable, y que ante este escenario, lo mejor es intentar proteger la economía para quienes sí sobrevivan. La teoría consiste en que cuantas más personas se contagien ahora, mayor será el porcentaje del país que desarrollará inmunidad frente a una posible segunda oleada de la pandemia.

Esta confiada maniobra ha recibido durísimas críticas de parte de la comunidad científica. Por un lado, porque significa poner en peligro extremo (y tal vez sacrificar) a los más vulnerables: los ancianos y quienes padecen enfermedades crónicas.

Por otro, las medidas radicales de contención adoptadas en otros países han dado resultado, y no existe evidencia alguna que sustente la teoría de que quienes se contagien ahora se volverán inmunes, y de que habrá un segundo ataque del virus. Incluso en términos económicos, es muy difícil que el Reino Unido pueda mitigar el golpe financiero que se avecina ante la propagación del virus en un mundo globalizado.

“La primera regla epidemiológica es que cuanto más pronta sea la intervención tanto mejor. Del otro lado de la balanza se halla el impacto económico, los gobiernos no pueden al mismo tiempo minimizar la tasa de mortalidad y el golpe a la economía, han de elegir”, comentó el profesor Roy Anderson, del Imperial College de Londres.

El primer ministro británico, Boris Johnson, dijo sus compatriotas que “muchos vamos a perder en las próximas semanas y meses a nuestros seres queridos”.

Numerosos médicos (y políticos de otros partidos) demandaron a Johnson que cierre escuelas, prohiba reuniones multitudinarias, estimule el tele trabajo, cierre las fronteras o suspenda los vuelos de los países más afectados, como Estados Unidos.

Sorprendentemente, la respuesta del gobierno británico al incremento de la crisis ha consistido en dejar de hacer la prueba del coronavirus a todo el mundo excepto a quienes registren los síntomas más severos de la enfermedad, y que el resto -aunque pueda estar contaminado, tenga fiebre y una tos persistente- se limite a quedarse voluntariamente en sus casas durante una semana.

Ante las fuertes críticas recibidas por la parsimoniosa e indolente actitud del gobierno, Johnson anunció que “dentro de poco” a las personas mayores y vulnerables se les ordenará aislarse en casa tal vez hasta cuatro meses, mientras se empieza con la ampliación de las vacaciones escolares de Semana Santa. Pero mientras otros países ya han dado esos pasos, aquí sólo se empieza a hablar de ellos.

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